Crónica de una Simbiosis: El eco de Tinta y Talento 2026

Por: Equipo Alerce Literario

El pasado abril, el Edificio Cayetano de La Unión se transformó en el epicentro de una red invisible. No solo celebramos la cuarta edición de nuestro concurso de microcuentos Tinta y Talento, sino que fuimos testigos de cómo la palabra escrita es capaz de echar raíces profundas en nuestra comunidad.

Bajo el concepto de "Simbiosis: la unión invisible de las historias", nos propusimos encontrar relatos que unieran la naturaleza regional con el mundo de los libros. Tras semanas de convocatoria y una difícil deliberación por parte de nuestro jurado —integrado por Roxana Miranda Rupailaf, Víctor Orellana y Patricia Soto—, hoy echamos la vista atrás para honrar a quienes dieron voz a nuestro bosque.

Un encuentro para la memoria

La ceremonia de premiación fue un momento de reencuentro y emoción. Ver los microcuentos exhibidos y entregados en papel opalina fue el broche de oro para un proceso que recibió 165 obras originales. A continuación, revivimos el cuadro de honor de esta edición:


Categoría Semilla (6 a 10 años):

Las raíces más jóvenes nos sorprendieron con su frescura.

Premiación Categoría Semilla

1° Lugar: "El silbido del roble" - Pablo Sebastián

El abuelo plantó un roble cuando nací.  Cada tarde me sentaba bajo su sombra mientras mi abuelo tejía canastos de mimbre.  Cuando el roble silbe, lloverá, decía mi abuelo. Aunque nunca oí silbar al roble. Ayer lo oí, y la lluvia volvió después de 3 años secos.  El campo estaba café, agrietado. Pero gracias a la lluvia, el campo se volvió verde. Hoy me senté bajo el viejo roble y sentí el viento pasar entre sus ramas. Miré el cielo y vi nubes blancas y grises.Fui a casa y vi el canasto que hizo mi abuelo hace 10 años.

2° Lugar: "El viejo árbol" - Montserrat Köning

Había una vez en un parque costero, en la ciudad de La Unión, un árbol llamado “El Gran Abuelo”, quien era el más viejo y más admirado por todas las personas que al lugar llegaban. Aquel árbol sentía un amor inmenso por los libros, ya que estos le hacían recordar los cuentos que su madre le narraba desde pequeño. Ella le enseñó que, las historias podían volverse más bellas y perdurar en el tiempo. Así, mientras el árbol la escuchaba, los cantos, hualles, mañíos, coigües y laureles parecían cobrar vida, como si susurraran también sus propias historias de tiempos pasados.

3° Lugar: "Simbiosis con mi arrayán" - Antonia Bañare

Lo descubrí desde mi ventana, estaba justo al lado de aquel tronco cortado hace años, pero yo lo vi y a pesar de ser pequeño y delgado era valiente, el viento con la lluvia de invierno era tan fuertes, pero él se resistía a caer, se aferró tan firme a la tierra que al llegar la primavera dio sus primeras flores. Ya han pasado tantos inviernos como primaveras y yo me siento en aquel tronco viejo para disfrutar del cobijo que me regala mi arrayán, mientras él mueve sus hojas celebrando cada libro que le leo.

Mención honrosa: "Los hongos y el árbol" - Julián

Érase una vez un árbol que cuidaba el agua con sus amigos hongos, un día llegaron unos pinos y eucaliptos a invadir a tomarse toda el agua, por lo que el bosque comenzó a perder fuerza. En una larga lucha, derrotaron a los árboles invasores y lograron salvar el micelio del bosque.

Mención honrosa: "Una amistad que florece" - Lincy del Solar

En medio del bosque húmedo, donde el sol apenas se atrevía a entrar, un copihue abría sus pétalos sin importar el tiempo. Un picaflor llegó esparciendo su luz. Tomó el néctar y, sin saberlo, llevó su polen al viento. Volvió cada día. El copihue lo esperaba en silencio. Entre ellos creció una amistad irrompible: uno alimentaba y el otro esparcía semillas de esperanza. Los días pasaron y los atardeceres se volvieron fríos. Un día el picaflor emprendió su vuelo tras el sol y no volvió. El copihue lo esperó, pero entendió que algunas amistades viven para siempre en el corazón.


Honramos cada historia recibida. Te invitamos a leer todos los relatos participantes de esta categoría AQUÍ


Categoría Brote (11 a 16 años)

Voces emergentes que entrelazan técnica e identidad.

Premiación Categoría Brote

1° Lugar: "Raíces que susurran" - Hyde

Era invierno, pero el frío parecía venir de otra parte. Sofía caminaba entre los árboles con un libro viejo que no recordaba haber encontrado. se sentó y leyó, aunque las palabras no permanecían quietas: hablaban de raíces que observaban y de un viento que parecía saber su nombre.

Inquieta, apoyó la mano en el tronco.

Sintió un latido leve, ajeno. cerró el libro con cuidado. entonces comprendió algo que no podía explicar: ella no estaba leyendo.

El bosque, en silencio, la leía a ella.

2° Lugar: "La firma del bosque" - Fran

En lo profundo, donde las almas deberían descansar, sus secretos más oscuros se ramifican en hilos blancos que recorren el bosque, contando historias que nadie escribió. Paso mis días ahí, bajo el follaje verde, oyendo murmullar a los micelios lo que los muertos no quisieron contar en vida. Cada raíz relata una historia que plasmo en papel y se convierte en un libro en mi bibliografía. Pero mientras más escribo, más olvido cuál de todas esas historias era mía.

Tal vez es el bosque el sujeta el lápiz ahora.

3° Lugar: "El idioma del bosque" - Lluvia de tinta

Estaba en este bosque donde nadie hablaba, pero todo se entendía. Debajo del suelo los hongos traducían lo que los árboles querían decir.

Cuando fui a leer, abrí el libro bajo un sauce llorón, las palabras se filtraron como luz entre raíces. Los hongos las recogieron y traducieron a mensajes que viajaron de árbol en árbol. Los pinos aprendieron de amores, los alerces de discusiones.

Esa noche el bosque respondió por primera vez. Susurró una antigua historia sin dueño, pero que todos reconocieron como propia.

Desde entonces cada vez que leía ahí, la tierra se hacía más alegre.

Mención honrosa: "Raíz de tinta" - Hanamori

Caminaba sin rumbo por el bosque, con la única y reconfortante compañía de mi libro favorito. Descalza, buscaba la caricia balsámica de la tierra y sus raíces, mi mirar se disolvía en un etéreo atardecer. Bajo la moribunda luz, me senté entre hojas, rodeada del aroma de mi libro, que alguna vez fue uno con el bosque que ahora me abrazaba.

“Qué bello es el ciclo de la vida”, pensaba, “mil años de un árbol resumidos en algo tan delicado y perenne”.

Mientras el último rayo desaparecía, regresé a casa con un silencio que llenaba de calma profunda.

Mención honrosa: "Lenguaje del bosque" - Gannii

Libros caminaban por un bosque denso. No tenían palabas ni conceptos. Los árboles, en cambio, conversaban entre ellos. Tres libros compartían un mismo deseo, encontrar un significado.

— ¡Árboles longevos, ayúdennos! —gritaron. Silencio total. Confundidos, esperaron horas, hasta que la noche los cubrió. Entonces entendieron: nadie escribiría por ellos.

Su primer paso, ser valientes y salir a explorar. Observaron y aprendieron. Cada decisión fue una frase, de a poco dejaron de estar vacíos. Cuando miraron atrás, entendieron que el bosque no les dio su significado: los empujó a crearlo. Dejaron de ser libros vacíos y comenzaron a escribir su propio significado.


Honramos cada historia recibida. Te invitamos a leer todos los relatos participantes de esta categoría AQUÍ


Categoría Alerce (desde los 17 años)

La profundidad simbólica de nuestra tierra hecha palabra.

Premiación Categoría Alerce

1° Lugar: "El micelio salvaje" - Lina Gant

-¿Te acuerdas de los bosques asesinos del Señor de los Anillos?

-Sí...-

-Ya cumpita, dicen que aquí pasa algo parecido, que el bosque se lleva a la gente y no vuelven más.-

-Y, entonces, ¿qué chita hacemos aquí?-

-Sacando ulmo, cumpita. Las lucas escasean y está facilito. En todo caso, no te asustes, son puros cuentos.-

Pero el micelio los oyó, sintiendo sus intenciones avaras. Ingenuos. Sintió sus pisadas avanzar y, en silencio esperó su momento. Con su bosque nadie se metía. Un par de abonos nuevos para alimentar retoños.

2° Lugar: "El sonido de las olas" - Hidekel

El sonido del vacío dentro de la caracola era lo único que quedaba del verano. Desde hace unas semanas, se había transformado en una especie de amuleto. Sólo aproximarla al oído y volvían la fiesta de vientos y brumas en la costa, la música de cada tarde y anochecer. Los abrazos, la fiesta continua, las estrellas iluminando la roca donde habita el Espíritu del Abuelo. Todo resuena, mientras vuelve la concha al bolsillo del traje donde habita desde el retorno a la ciudad y su violento despertar. Los ojos se llenan de lágrimas. Próxima estación: Tobalaba.

3° Lugar: "La tarde boca arriba" - Arcano XIII

Entre las ásperas hojas de las quilas que cortaban su piel, Nahuel corría de sus perseguidores; había pasado toda la noche internándose en el monte y las voces de los hombres tras él se habían ido apagando en la distancia; winkas le dijo su padre que se llamaban. Se detuvo un momento para recuperar el aliento, agudizó el oído, se levantó para correr y de pronto escuchó un estruendo a sus espaldas, el dolor le recorrió el cuerpo y cayó boca arriba. Y entonces sonó la campana del recreo, Ariel cerró su libro sin saber el final de la historia.

Mención honrosa: "El canto del Chonchón" - Hoja de otoño

Corrí lo más rápido por el bosque que alguna vez fue virgen, pero que fue profanado por la inmundicia humana. Mi sangre se mezcla con los changles y loyos que alguna vez recolecté con mi taita. Morirá de pena porque me abordó violentamente el Kalku que en libros e historias en el fogón me contaba. Alcancé a enterrarle el puñal, tal cual me enseñó él para matar los corderos como ofrenda a la tierra. Esta vez la ofrenda soy yo, en una amalgama de insectos, líquenes y el sonido del chonchón que me indica que mi hora ya llegó.

Mención honrosa: "El librito se fue pa'l bosque" - Monito del monte

Con las hojas húmedas, casi deshechas, y las salpicaduras de barro por todas partes, aquel libro que un día fue el nuevo del estante, el más blanco y rígido, se despedía de su existencia.

Movía sus hojas con desespero, ansiando una oportunidad. Aunque el destino había sido cruel, podía enseñar todavía.

Entonces la raíz del árbol más cercano tocó su cubierta.

—¿Te conozco? —preguntó el árbol, cambiando de páginas.

—No lo creo —tosió el libro. Un par de letras salieron disparadas.

Una ranita que pasaba por ahí decidió leer un poco.

—¡Mira, árbol! ¡Te dije que tenía nombre!

—Basta, Darwin.


Honramos cada historia recibida. Te invitamos a leer todos los relatos participantes de esta categoría AQUÍ


Agradecemos a cada autor y autora por confiar en Librería Alerce Literario. Este concurso no es solo una competencia, es la prueba de que, al igual que los árboles bajo la tierra, todos estamos conectados por las historias que nos atrevemos a contar.

¡Nos vemos en la próxima edición!